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La terminología del especismo

Usemos las palabras

Todo experto en comunicación de masas sabe que la educación - o reeducación - del pueblo empieza por elegir los vocablos adecuados. Desde los grandes dictadores de la era moderna hasta el más pequeño y avispado publicista lo sabe. Si logras establecer el término que a ti te conviene, ya has ganado dos tercios de la batalla.

 

En el caso del vocabulario culinario, no podemos señalar a nadie en particular como responsable de la terminología que usamos. De hecho, muchos patrones se repiten en distintas lenguas y culturas, lo cual sugiere que es el inconsciente colectivo el que a lo largo de las generaciones ha creado y fomentado unos términos que nos ayuden a desconectar lo que ponemos en nuestro plato de su origen e historia.

 

Desconectar el trozo de carne o de queso que uno va a comer de la terrible historia y el sufrimiento que hay detrás de ese bocado, ésta es a fin de cuentas la función de la terminología omnívora.

 

¿Por qué comer pollo es tan popular pero rara vez oímos a alguien que vaya a comer una gallina, o albondigas de gallina o sopa de gallina?

 

¿Por qué todos comen pescado pero nadie come pez? Ya sé, cuando pescas al pez, te comes lo que has pescado… Pero nadie come un plato de cazado… Y un gran porcentaje de los peces que se comen vienen de la piscicultura, donde es difícil decir que han sido pescados…

 

¿Por qué nadie dice que come vaca? Si buscamos “comer vaca” en google, podríamos pensar que nadie en el planeta se las come, y que por el contrario hay mucha gente interesada en prepararles comida a las vacas.

 

¿Por qué cuando hablamos de bebés y de la lactancia se usa siempre el término “leche materna”? ¿Acaso la leche de vaca no es leche materna? ¿O la leche de cabra? ¿Será que no queremos pensar en aquel cachorro a quien le quitamos la leche?

 

¿Por qué escuchamos en las noticias que han sacrificado a un animal cuando en realidad lo han matado? Sacrificar viene de la palabra sacro, santo. ¿Qué tiene de sagrado quitarle la vida a un animal, o a millones?

 

Estoy convencido de que uno de los retos más inmediatos e importantes que tiene el movimiento vegano es cambiar la dialéctica del especismo. Para despertar a la sociedad del cómodo letargo en el que se encuentra, hay que empezar por las palabras.

 

Usar los términos más incómodos y crudos es un instrumento fundamental para sacudir los cimientos de la industria animal y del especismo imperante.

 

Esclavitud de los animales, campos de concentración, hembras violadas para dejarlas preñadas, leche robada, zapatos de piel de vaca, asesinato, mutilación, tortura, etc. Cuando nos acostumbremos a llamar a las crueles prácticas de nuestra sociedad por su nombre habremos dado un gran paso adelante.


Usemos la palabra y cambiemos las palabras. A la larga, salvaremos vidas.
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